viernes, 16 de diciembre de 2011

Kiss

Me pongo frente a ti.
Me miras... Te miro.
Noto los centímetros que separan a mi torso de tus brazos...
Los disminuyo lentamente, mientras te sigo mirando,
hundiendome en esos dos pozos llenos de inseguridades.
No te atreves... Yo tampoco.
Pero me acerco un poco más.
Tú no te alejas.
Me observas con cierta indiferencia
pero tu labio se desata en un breve temblor... te ha delatado.

Quieres, quieres, pero no puedes.

No sabes si no puedes, si no lo intentas.

Acerco nuestras bocas, a escasos milímetros.
Noto tu aliento sobre mí. Es tan cálido...
Un par de segundos de presión, y tu lengua entra en escena.
Nerviosa, impaciente.
Asoma la cabeza y vuelve a esconderse,
dejando un rastro de su paso.
Para que sepa por donde seguirla,
para que vea que me espera...

Cierras la boca, ese gesto fue un error,
te das cuenta y te recolocas, incómodo.
Yo también me doy cuenta.
Me alejo unos centímetros, y tu mano me atrapa la cintura.
Tus ojos me suplican “no te vayas”.
Dudo frente a ellos, un solo instante.
Está bien”, me digo. Es agradable tenerte cerca.

Dolorosamente agradable.

Apoyo mi cabeza en tu pecho, y escucho tu respiración nerviosa.
Levanto la vista, para encontrar esos pozos.
¿de qué tienes miedo?” Dicen, inocentes, frente a ti.
De romper este momento...” me responden, inquietamente cómodos.

Porque no puedes. No quieres.

Porque querer es poder.

Acerco mis labios, cansados de vagar sin rumbo.
Te quedas unos instantes sin aliento,
expectante de lo que suceda en este momento.

Este momento tan cálido...

Poso un beso en tu mejilla, y otro, y otro más.
Gracias, te dicen.
Gracias por estar aquí, por no querer alejarme.
Gracias...
Respiras hondo, te relajas y me dejas agradecer.
Te descuidas.
Yo me dejo llevar, acariciando tus pómulos,
jugando a no poder tenerte, y a encontrarte tan cerca.

Es tan dolorosamente agradable...

Se me escapa, tan natural que ni lo veo venir.
Un beso mal colocado, un giro de cabeza inesperado.
Y ¡Chas! Nuestros labios se encuentran.
Me sorprendo.
Me aparto.
Balbuceo algo que no entiendo,
he traicionado ese hilo de confianza...

Porque no podemos.
Aunque queremos, no podemos.

Quiero arreglarlo, no quiero dañar este momento.
Tu tampoco quieres, y acompañas mi huida
para que no me aleje, para no perderme.

Nuestras bocas deciden por nosotros,
y se vuelven a encontrar.
Se abrazan, se miman, se fusionan y se separan,
un solo centímetro, para recuperar parte del aliento
y volver al calor de la otra, que le espera con ansia...

Porque ellas sí quieren... Y pueden.

Se separan, inquietas,
y respiran el aliento de la otra, dulce, apetitoso.
La tuya sonríe, la mía también.
Vuelven a encontrarse, a compartir,
sin miedos y sin cálculos, solas,
la una contra la otra,
dando todo lo que nuestras miradas se pedían...

Y nosotros les dejamos hacer, embriagados de placer,
del placer que da desafiar a las reglas...

Para poder conseguir algo prohibido.
Y anhelado.

Porque no puedes,
Porque no puedo.
Pero ambos queremos...
No hay más que hablar.

...¿verdad...?

Pd: hecho de menos dar(te) besos. Hecho de menos devolver(te) besos... Pero sobretodo, por encima de todo... (te) hecho de menos.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Little snower

La nieve reposaba blanca, inmaculada, en el patio. En algunos puntos, su lineal forma se veía interrumpida por un brote esporádico que acababa en un arbol, un tallo, una flor... Pero no dejaba de ser hermoso.

Se abrigó con su mejor bufanda, regalo de su tío, y se enfundó esas botas que su abuela siempre tenía que quitar de la entrada, para que nadie tropezara. Sus manos las forró con los viejos guantes de su abuelo, de cuero, que protegían del más intenso de los fríos.

Finalmente, embutiéndose el gorro en la cabeza hueca que tenía, abrió la puerta.

A pesar que ya la había visto desde la ventana, la vista la dejó maravillada. Dio con cautela un paso al frente, y marcó esa masa blanca que todo lo cubría. Otro paso. Uno más.

Sin darse cuenta siquiera, se descubrió corriendo por el jardín, riendo, disfrutando de la nieve, cogiéndola con sus diminutas manos y elevándola al cielo.


El cielo le devolvió la nieve.

Pequeñas estrellas cristalizadas rozaron los dedos de la niña, aún alzados, para posarse en sus mejillas. Una lñagrima asomó por el ojo de la pequeña, y se desprendió con rapidez, seguida de otra, y otra, y otra más. Sonrió, mientras danzaba lentamente bajo esa lluvia blanca que cañia sobre ella, que la cubría, que la abrazaba.

Bailó y bailó durante horas, con el sol y las nubes, con el atardecer y finalmente con la luna, siempre sonriendo. Cuando las luces automaticas se encendieron, supo que era hora del adiós. Alzó las manos al cielo y dio un fuerte abrazo al inexistente amigo, dándole gracias por todo, pidiéndole, una y otra vez, que volviera algun día.

Pues ella estaría allí esperando... Aunque todos se hubieran ido, uno a uno, aunque el frío le hiciese sentir la soledad en los huesos, aunque no saliera la luz del sol tras la noche... ella seguiría en esa casa, esperando...

Porque ese era su hogar.

Porque algun día como este, no solo la nieve vendría a jugar con ella... Sino todos aquellos que la amaban.

Aunque para ese momento faltase mucho...

De mientras, seguiría maravillandose y disfrutando de ocasiones como esa... De veladas en las que volvía a ser niña...

Y volvía a sonreír.

domingo, 6 de noviembre de 2011

¿y que más da?

Los recuerdos no serán un poema,
el tiempo no te ayudará,
el viento a veces soplará en tu contra...

La vida no siempre te sonreirá.

¿pero qué más da?

Llega un nuevo amanecer.
Un nuevo día.

Una nueva esperanza.

Solo hay que levantar el rostro y atreverse a mirarlo...
Sin miedo de quedarnos ciegos por su luz.


Pd. ¿Por qué siempre, siempre, siempre, tus palabras logran llegar tan fácilmente donde otros perdieron batallas?¿por qué siempre apareces en el momento oportuno?

viernes, 4 de noviembre de 2011

Latidos lejanos

"No temas", le dijo. Miró hacia el suelo, y casi se cae. El precipicio que se abría bajo sus pies era inconmesurablemente maravilloso, mas tan elevado que nadie seobreviviría a él. 

Y se lo estaba pidiendo. 

"No puedo" le dijo. "¿Acaso quieres que me mate?"

"Confia en mí". Su sonrisa era más hermosa que los primeros rayos de sol, y sus ojos demostraban una confianza plena en el juicio de la muchacha. " Yo estaré abajo. Estarás segura... Confía en mí"

Siempre había temido a las alturas, y sabía que aquello era una grandisima locura... 

¿Pero acaso el amor no es una locura?

Esperó a que él bajara, pacientemente, mientras pensaba en todo su tiempo juntos. Si había algo sobre lo que no dudaba, era en su confianza, porque para ella, él era su mundo. Y al revés.

Y al revés...

Dio un paso al frente con miedo. El viento le golpeó el rostro con fuerza, pero no temía nada. Porque él la esperaba abajo. Porque él era su mitad... y no la dejaría sola. 

Saltó. Fue la sensación más maravillosa que había sentido hasta entonces, todo su cuerpo salpicado por una brisa turbulenta, mientras caía, caía, cada vez más rápido, para aterrizar en sus brazos...

Pero no fue en sus brazos donde aterrizó. 

Cuando la encontraron, no había ni rastro del chico. Milagrosamente, la pobre había sobrevivido a la imposible caída, no sin romperse brazos, piernas, y una importante cantidad de costillas.

Y el corazón. También se le había roto el corazón. 

Meses pasaron antes de que pudiera volver a moverse. Y cuando se halló por fin recuperada, no podía más que ir a visitar ese precipicio, esa apertura al vacío que había sido su tumba. Porque seguía viva, pero poco sentido tenía vivir. Nada tenía sentido...

Seguía respirando. 

Miró a su alrededor, a sus seres queridos, vio como se alejaban de ella. "No, no más". Si seguía viviendo, sin duda los necesitaba. Pero... ¿podía seguir viviendo sin corazón?Porque los huesos se habían repuesto, al igual que las magulladuras, pero su corazón...
Seguía roto...

Una noche, esperando el amanecer, se decidió. Introdujo los restos de su corazón en una caja y la cerró con fuerza. El primer rayo de sol apareció, golpeándole el rostro. "Tu sonrisa era como esta luz... era..."

Dejó caer el fardo al vacío. Y se olvidó de él.

Tiempo pasó, arduo tiempo que todo lo cura, y se convirtió en la dama de hielo, porque aunque podía apreciar, aunque podía ser parte de muchas personas...

Nadie podría ser parte de ella... porque no tenía corazón donde hospedarse.

Y escuchó varias veces su corazón latir, allí en el firmamento, deseoso e ser encontrado, de ser rescatado. Pero no fue a buscarlo, no fue a recogerlo... porque la caída era una locura...

Y ya no tenía a nadie en quien confiar.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Hoy llueve

Hoy llueve.

Mientras miro por la ventana, a la gente pasar, pienso sin pensar, y recuerdo sin intentarlo.

Una idea me viene a la mente, y me levanto. Rebuscar entre mis cosas siempre fue tarea difícil, pero hoy la veo imposible.

Pero algo me anima a hacerlo.

Por fin, entre trastos varios y suciedad acumulada, encuentro lo que busco.

El costurero.

Voy cogiendo prendas de ropa, una a una, guiada por un instinto interior. Chaqueta, jersey amarillo, pantalones vaqueros... mi memoria me falla, casi ni me acuerdo. Pero hago un esfuerzo.

Con todo en mano, me dirijo a la ventana. Hoy llueve... 
 
A cada punto que doy, le pongo una ilusión, a cada arreglo, una promesa. A cada pinchazo, una esperanza de seguir adelante. Y sigo cosiendo, cosiendo estos recuerdos que la lluvia libera hoy de mi mente.

Porque hoy llueve, y yo acompaño a la lluvia, no con paraguas, no con sonrisas. La lluvia solo viene acompañada de grises, de recuerdos... de melancolía.

la melancolía es la felicidad de estar triste”

Es perfecta para mí.

Doy el último punto, y miro el fruto de este día tormentoso. Me pongo a llover yo también. Sentado al lado de la ventana, con esa chaqueta, te pareces bastante... pero eres menos blando, más cálido, y tu sonrisa es mil veces mas hermosa que este engendro que he creado.

Qué más da, con esto servirá.

Me apoyo contra tu yo de ropa, al lado de la ventana, y me abrazo con tus brazos de lana, como en su día hicieras con los naturales. Estoy más calentita... Pero no deja de llover.

Porque aunque piense en ti, aunque te recree, aunque ponga mi ilusión, mis promesas, mis esperanzas, y mi corazón en volver a estar contigo...

Lo único que consigo es una copia deforme y barata.

Hoy llueve... y yo acompaño a la lluvia. Pero ahora no estoy sola... no estoy sola...

Porque tus recuerdos me amparan.

Y aquí, junto a la lluvia, me quedo esperándote, mientras cierro los ojos, mientras me quedo dormida y sueño, por un instante...

Que has vuelto a por mi.

lunes, 29 de agosto de 2011

recordando... Reila

Las velas temblaron inquietas.
El viento pasó, como un cortina que se levanta ante el nacimiento de la desesperación.
Ls pequeña no lloró, ni tan siquiera hizo el intento.
Todos pensaban que había nacido muerta.
Pero su madre, ahí presente, débil como estaba, la abrazó con fuerza y le dio un beso en la frente.

"mi niña... por fin puedo verte... mi Reila"

Y la niña, a pesar de no entender nada... sonrió.
Pero la madre no sonrió.
Pues esos hermosos ojos que poseía su hija, eran los ojos del demonio.
Su pecado estaba al descubierto.
¿como pudo pasar?
El fruto de su amor... era su condena.

Mientras todos los criados observaban aquellos hermosos ojos, alguien entró por la puerta. Iba cubierto con una larga capa negra de viaje, y tan solo dejaba entrever unas huesudas manos frías.
Todos, al verle, acallaron los murmullos.

"mujer pecadora, vengo a llevarme este ser del averno que has engendrado. Yo me lo llevaré, y todos los aquí presentes acallaran este nacimiento. Así, tu culpa no será descubierta."

"¡¡no!! ¡¡no puedes llevarte a mi hija!! ¡¡no te lo permitiré!!" dijo, mientras miraba el vulto que mantenía etre los brazos. Pero esos ojos la taladraban desde el fondo de su alma... esos hermosos ojos dorados, prueba de su pecado...

"no pido ningún precio a cambio. Tan solo la niña. Solo la quiero a ella..."

Sin saber apenas que hacía, en un momento la pequeña criatura se encontró entre esas manos huesudas, mientras agarraba fuertemente la mano de su madre, que lloraba desconsoladamente...

"lo siento, Reila... te quiero, mi amor..." y soltó la pequeña mano, mientras los criados se la llevaban a rastras.

Y la pequeña Reila la vio partir, con una sonrisa en el rostro...

Pasaron años, muchos años. A pesar de estar sola, Reila pudo manenerse con vida. Estaba viva.
A pesar de ser abandonada tan solo al nacer, de no tener a nadie al lado, seguía pensando que no era una niña desafortunada.
Pues su belleza había logrado amansar a los más fieros humanos hasta el punto de ser una más... hasta que veían sus ojos.
Esos hermosos ojos, dorados como apenas nadie había visto, reflejaban el pecado de donde había nacido. Ella lo sabía muy bien, pues todos la marcaban con el nombre de "incesto". Aunque ella no conocía muy bien de que se trataba, sabía que sus papás habían hecho algo malo. Algo muy malo. Pero ella no les culpaba por ello.
Cada noche, al ir a dormir, su mano temblaba con el frío del suelo, y ella recordaba aquella dulce mano que la cogía con fuerza, aquella mano que no quería soltarla... y lloraba.
¿por qué?
Y era en esos momentos, donde su corazón más dudas albergaba, donde aparecía ella.
Una mujer de capa larga y negra, de huesudas manos y que jamás dejaba entrever su cara.
Siempre paecía ante ella y le tendía una mano... y le susurraba, ven conmigo.
Pero Reila la miraba, con esos ojos de pecado, llorosos, y le sonreía.

"mañana. Mañana iré contigo. Hoy todavía no..."

Y la mujer, tal como había venido, se iba por esas sombras de la noche...

Reila aprendió a hacerse la ciega. Si nadie veía sus ojos, pensaba, nadie la juzgaría y nadie la odiaría. Y así fue, como día tras día, se ganó la confianza de la gente del pequeño pueblo al que llegaba, donde no sabían de su pecado, donde se apiadaban de ella y la amaban. Donde se sentía amada.
Pro ella se sentía triste. Estaba mintiendo a esa buena gente, haciendose pasar por una ciega... y sin poder mostrar esos hermosos ojos que tanto repudiaba la gente.

La pequeña llegó a pensar que, si les contaba largo y tendido su situación, si les abría su corazón, ellos la entenderían. No podían ser tan malos. Y así lo hizo...

En cuanto abrió los ojos, todos se sorprendieron. Esa luz desbordante, comparada con la propia belleza de la joven niña, les deslumbraba. Esa niña, nacida del incesto de unos cobardes que l dejaron tirada.. era la más hermosa de las piedras. Era la piedra del pecado. Pero, por eso mismo...

"¡¡fuera de aquí!! ¡¡no vuelvas!!"

Y Reila se vió tirada, con su corazón hecho pedazos, saliendo aprisas de la ciudad. Y sus hermosos ojos se empañaban de lágrimas, mientras frente a ella aparecía la oscura mujer de negro.

"no llores, pequeña... ellos no pueden entenderte, mi amor. Ellos no pueden entender cuan importante eres tú... no saben ver tu belleza. Ven conmigo..." y le ofreció la mano.

Reila la miró, temerosa. Estiró la mano, la apoyó con la mano hesuda, y cerró su puño, mientras sonreía.

"mañana... mañana me iré contigo. Hoy no, solo un día más..."

La mujer, sorprendida, dijo tranquilamente "si ese es tu deseo... que así sea." Y despareció de nuevo, dejando a Reila sola, mientras lloraba sobre la blanca nieve...

Y el tiempo cambió, y las estaciones cedieron, y Reila creció. Pero su corazón no se rindió. A pesar que siempre la rechazasen, a pesar de que nadie quisiera amarla tan solo por esos ojos... ella nunca se rindió.

Y llegó el día en que, tras mucho tiempo, apareció. Era un joven cercano a su edad, que trabajaba la tierra con dureza como pasatiempo y vivía ajeno a sus padres. Cuando la vió, tuvo miedo de mirarla, cuando la miró, miedo de acercarse y, una vez cerca, miedo de perderla. Sus ojos lo habían cautivado. ¿por qué los odiaban tanto? eran unos ojos hermosos, no eran ojos humanos. Ella misma no era humana.

Ninguno de los dos pudo hacer nada por evitarlo, ninguno de los dos quiso evitarlo. Sus almas se entrelazaron mietras sus cuerpos se fundían en uno, mientras se juraban ese amor que Reila no había conocido, que conocía ahora en manos de ese joven al que le había abieto su corazón al completo, aquél joven que pudo ver más allá de sus ojos, más alla de su cuerpo... que pudo ver su alma, la cogió y la mantuvo en protección, junto a él, sin que nada pudiera evitarlo...

Reila era feliz. Por primera vez en la vida, ncontraba sentido a su existencia, y se sentía feliz de ello. se sentía querida... se sentía especial. Por primera vez... había podido ser persona.

El fruto apareció. Reila se mareó y notó comoalgo estaba creciendo en ella. Una nueva vida, fruto del amor entre ella y el joven. Por fin, su vida tenía sentido...

hasta que en esa tarde de lluvia, la mujer de manos huesudas apareció. El joven había partido en busca de sus padres, para darles la buena nueva. Pues se iban a casar. Estaba al llegar... y esa mujer apareció. Con su ropa arraigada y sucia, con sus manos huesudas y su voz fría, apareció frente a Reila.

"mi pequeña niña... he venido a avisarte. Has escapado temporalmente de tu vida, pero, mi niña.. este no es tu destino. ahora que eres feliz, que todo va tal y como tú deseas... ven conmigo, mi niña... antes de que vuelvas a sufrir" y, como de costumbre, le tendió la mano a la dulce muchacha. Ella, como de costumbre, sonrió.

"Mañana. Hoy no puedo irme contigo, pues alguien está esperandome. Mañana..."

"Mañana será demasiado tarde, niña..."

"nunca será demasiado tarde, abuela... hora debo esperar a mi marido. Mañana me iré con vos." Y la mujer, que cada vez estaba más curvada, dijo con su fría voz, alentada con un aspera desesperación...

"si ese es tu deseo..." desapareció.

A lo lejos, un hombre venía corriendo, seguido por un montón de hombres con palos de madera y estacas. Junto a él, una anciana mujer corría desesperada.
Ambos entraron en la casa, desesperados. La cogieron por los hombros y la sacaron de la casa a toda prisa, mientras eran perseguidos. Al llegar a las montañas y haber ganado algo de distacia, pararon.

"¿qué sucede?" la mujer se le echó encima, llorando a lágrima viva. El joven no se atrevía a abrir boca. Lentamente, la mujer le susuró al oído...

"¿cómo puedes estar viva? yo... yo te bandoné... ¡¡y te vendí a cambio de mi vida...!!" miró esos ojos dorados, y su llanto se incrementó, mientras Reila no quería pensar, no quería saber lo que empezaba a comprender, lo que en unos segundos destrozaría toda su felicidad...

"Yo soy fruto de esa vida... de esa vida concebida a cambo de la tuya... mi vida... jamás pensé qe pudieras ser... mi propia hermana..."

Crack.
Algo se partió.

Lentamente, Reila miró a su joven amado, que no era capaz de mirarla a los ojos. Miro a su madre, a la madre de ambos, que lloraba sobre ella desconsoladamente... y miraba ese pequeño bulto que tenía en el vientre, ese pequeño fruto de su felicidad que ahora era igual que ella, fruto de un amor prohibido entre hermanos...

"vete de aquí. Tú, y tu hijo. Iros a un lugar adonde nadie os pueda encontrar... olvidaros de nosotros... si no te matarán, hija mía..."con unas últimas fuerzas, empujó con fuerza a su hija, mientras lloraba "¡¡iros a un lugar donde vuestros ojos no puedan ser pecado!!" el joven cogió a la madre, casi desfallecida, y miró a su prometida, blanca y temblorosa.

Reila lo sabía, ahora lo entendía. Tras una última sonrisa hacia el amor de su vida, salió corriendo montaña arriba, con sus manos protegiendo su pequeño bebé. La lluvia se mezclaba en su rostro junto con sus lágrimas, junto con el barro levantado y junto con la desesperación que sentía al pensar, que aquél que la habia amado, la única persona que la había querido y la habia entendido era... aquél que despertaría el pecado de nuevo.

Esa noche, al caer de sueño, algo la despertó. La anciana mujer se le sentó al lado, lentamente, y le ofreció la mano, sin decir nada.
Pero ella podía verlas, esas lágrimas que no salían de la capa, esos sollozos callados por ella, solo por ella, por aquella niña que un día dejaron a su cargo... por aquella niña que tan solo ella había cuidado... lentamente, levantó su mano, la cerró en puño y, llorando mientras esbozaba una sonrisa, le susurró...

"mañana. Hoy todavía no... mañana"

La mujer, sorpendida, contestó, como siempre habia hecho desde en día que la niña empezo a hablar...

"si así lo deseas..." y desapareció, dejando a Reila sola de nuevo, entre esas bastas montañas, entre esa oscuridad de la que ahora formaba parte.

Durante meses y meses vagó, sin rumbo, por las montañas. Pensaba en su amor, en su vida, en la vida que se estaba creando en su vientre. Y en las palabras de esa mujer que siempre había estado junto a ella...

Y pronto fue el día en que cayó al suelo, y no pudo seguir andando, pues ese pequeño ser nacido del pecado quería salir. Y ella, tan solo con su fuerza, se procuró un buen sitio donde dar a luz.

Estaba sola, totalmente sola, en medio de las montañas. Pero aún así...
La mujer pareció de nuevo, ante ella, con su capa oscura. Sin decir nada, se acercó a la convalecinte muchacha y le dió la mano, pero Reila, como tantas veces en su vida, sonrió.

"vas a verla nacer. A mi hija... la que comparte el mismo pecado que yo..."

La mujer, sorpendida, observó como salía la cabeza. Lentamente, ayudó a Reila con su parto.
El viento pasó, como un cortina que se levanta ante el nacimiento de la desesperación.
Ls pequeña no lloró, ni tan siquiera hizo el intento.
Pero su mdre, débil como estaba, la abrazó con fuerza y le dió un beso en la frente.

"mi niña... por fin puedo verte... mi Reila"

Y la pequeña sonrió.

"Reila... el mismo nombre de pecado..." susurró la mujer. "Debes entregarme este fruto del pecado. Pues al igual que tú, ella ha nacido con el sello del incesto... y con la belleza de su madre. No puede vivir."

Reila miró a su pequeña hija, de ojos dorados.
Sonrió, mientras le cogía la mano.

"¿acaso no me oyes? ¡¡no tendrá más que la vida que tú has tenido!! ¡¡no debería haber nacido, no debe vivir!! ¿dejarás que todos la marquen como a ti, con el sello del desprecio? ¡¡no pienso consentirlo!!" con furia, estiró de debajo de su capa una larga guadaña, y amenazó a la niña.
Pero Reila tan solo sonreía.

"mi querida muerte... que tantos aos me has estado buscando... ha llegado el día." La mujer la miró, sin entender, mientra Reila miraba a su hija "si debes llevarte una vida esta noche... te pido que sea la mía. Aquella alma que tanto has cultivado y tanto has vigilado... y no ésta que aún tiene mucho futuro por delante."

"¿no te das cuenta... de que sufrirá tu mismo destino?"

"por eso mismo, porque sufrirá mi mismo destino... porque vivirá, crecerá, aprenderá sobre la vida, se enamorará.. y será un mundo para alguien. Porque aunque nazca bajo el sello del pecado, no se rendirá... al igual ue yo jamás me rendí. Por eso, solo por eso... llévame a mí."

Reila se levantó lentamente del suelo, dejó a la niña en el, le sotó la mano y se puso frente a la muerte. Cogió su huesuda mano, ahora inherte, y la abrazó con la suya.

"hoy estoy lista... porque ya no me queda nada por hacer. Asi que, llévame..."

Lentamente, la guadaña cayó sobre la espalda de Reila, quien miraba con un sonrisa a su hija...

"no puedo..." de la espalda de Reila salieron unas plumas negras, semejantes al ébano, que las envolvieron por completo. Eran una grandes alas negras.

"¿esto... es la muerte?" dijo Reila, sonriendo.

La muerte, por primera vez, se descubrió el rostro. De su calavera inexpresiva, una voz resonaba, dolorosa, hacia fuera.

"no es la muerte, mi niña... yo no puedo darte muerte ya. Pues, pese al pecado que afrontan tus ojos, jamás te rendiste.. porque eres la viva representación de la esperanza. Pese a estar todo perdido, jamás recurriste a mi... ¿y ahora lo haces tan solo por salvar una vida igual que la tuya? tu vida es demasado valiosa... así que, mi niña... mi pequeña e ingrata niña..."

"yo te doy alas... "


"serás un ángel caído, un ser despreciado por el resto, tan bello y tan lleno de pecado que repudiará su existencia... pero que seguirá viviendo... porque siempre creerá en un mañana... en ese mañana que valdrá la pena vivir."

"así, mi niña... sé feliz, y cuida de tu hija... a la que ahora debes proteger"

Dicho esto, la muerte desapareció...

Y cuentan las leyendas, que tras un tiempo, apareció en casa del joven amado, una niña pequeña de ojos dorados, protegida por unas plumas negras.. que, a pesar de ser fruto del pecado, supo salir adelante...

vigilada siempre de cerca por un ángel... de ojos dorados como ella...

que nunca supo lo que era la rendición. 


 
Pd: porque hay cosas que jamás deben olvidarse =D

lunes, 15 de agosto de 2011

¿Recuerdas...?

... Cuando te metias conmigo, para hacerme rabiar?
El momento en que te sinceraste x primera vez cnmigo?
La primera vez que lo hice yo contigo?

¿lo recuerdas?

Recuerdas las largas noches en medio de nada, acompasando tus canciones con mi voz?
¿las madrugadas cantando al unisono?

¿Lo recuerdas?

¿Recuerdas la primera llamada, una de tantas y tan largas?
¿Y lo que hablabamos en ellas?

¿Recuerdas los quebraderos de cabeza, las peleas estupidas, los momentos en los que te encerrabas en ti y no me dejabas entrar?
Puede que ya no lo recuerdes, que tu mente haya esparcido esos momentos como petalos al viento, o los haya encerrado en el fondo de tu propio baul.
Yo si los recuerdo...
Como los largos paseos escuchando tu voz, las horas de espera intentando no dormirme, el cielo azul que se abria sobre mi mientras estabas a mi lado, sin estarlo, sin saber siquiera si estaba pensando en ti...

Recuerdo cuando eras mi amigo, mi confidente, cuando te preocupabas x mi, cuando me dejabas preocuparme por ti,
Recuerdo los abrazos desde mi cama, los besos que lo curaban todo...

Las alas que me crecian al tenerte cerca.

Esas alas se torcieron, como se acabaron las llamadas, los besos, los abrazos, las confidencias y la confianza que pusimos el uno en el otro...

Y hoy mi cielo sigue siendo azul, pero mis lagrimas me impiden verlo... Y no t tengo aqui para que me las apacigues.

Recuerdo cuando eras un pilar en mi vida... Y sin ese pilar, no estoy completa.

Hubieron mil promesas x cumplir... Muchas de ellas ya jamas veran la luz, pero otras... Podrian no caer en el olvido, podrian...

Si les diesemos la oportunidad.

¿recuerdas...
A esa pequeña miedosa, que necesitaba oirte a todas horas para saber que no te habias ido dejandola atras...?

Pues esa pequeña esta aqui...  

Y ha venido a buscarte.

Pd. Y sin mas, no hay mas que decir, que lo que ya sabes...
Te echo de menos.